
In the Gospel, Matthew uses the word splagchnizomai to describe the extreme compassion Jesus felt when people came to him in need. The Greek word connotes an emotion originating deep within oneself, literally from the inner organs that keep us alive. Today it describes the feeling of the master in Jesus' parable: "moved with compassion the master of that servant let him go and forgave him the loan" (Matthew 18:27). His compassion was strong enough to outweigh the huge amount he was owed. When we are hurt by someone else, we naturally feel angry, maybe even vengeful. But as Sirach says, if we let anger fester or if we take vengeance on our neighbor, how can we expect mercy for our own sins? As God forgave the Chosen People time and again when they broke the covenant, as Jesus forgave sinners right up to his final hour, we are called to forgive those who hurt us and to have mercy on those who have done wrong. After all, we hope that when we die, God will have that same intense feeling of compassion for us as the master has in today's parable. And if we don't nurture and exercise that compassion ourselves, what right do we have to expect it in others?
Who needs compassion like this from you today?
En el Evangelio, Mateo utiliza la palabra splagchnizomai para describir la profunda compasión que Jesús sentía cuando la gente acudía a él en busca de ayuda. Este término griego evoca una emoción que nace de lo más profundo del ser, literalmente de las entrañas que nos mantienen con vida. Hoy en día, esta palabra describe el sentimiento del señor en la parábola de Jesús: «movido a compasión, el señor de aquel siervo lo dejó libre y le perdonó la deuda» (Mateo 18, 27). Su compasión fue lo suficientemente fuerte como para prevalecer sobre la enorme suma que se le debía. Cuando alguien nos hace daño, es natural sentir ira o incluso deseos de venganza. Pero, como dice el libro del Eclesiástico, si dejamos que la ira se encone o si nos vengamos de nuestro prójimo, ¿cómo podemos esperar misericordia por nuestros propios pecados? Así como Dios perdonó una y otra vez al Pueblo Elegido cuando quebrantaba la alianza, y como Jesús perdonó a los pecadores hasta su última hora, nosotros estamos llamados a perdonar a quienes nos han hecho daño y a tener misericordia de quienes han obrado mal. Al fin y al cabo, esperamos que, al morir, Dios sienta por nosotros esa misma compasión intensa que el señor de la parábola de hoy experimentó. Y si nosotros mismos no cultivamos ni ejercitamos esa compasión, ¿qué derecho tenemos a esperarla de los demás?
¿Quién necesita hoy una compasión así de tu parte?

When we see someone doing something sinful or hurtful, we tend to do one of two things. Either we look the other way because it's too awkward to say something, or we confront them angrily, especially if we're the ones being hurt. Jesus describes an alternative in great detail. Take small steps to progressively reconcile the offender with the one who has been hurt and with the wider community. As we may have been taught: hate the sin, love the sinner. Firmly correct the behavior while caring for the person. If this fails, Jesus counsels the disciples to "treat [them] as you would a Gentile or a tax collector" (Matthew 18:17), which seems terrible, but Matthew, of all people, realized that it really isn't. He himself had been a tax collector before repenting and becoming a disciple. Jesus would go on to commission his disciples to make disciples of all nations. You see, Jesus treated Gentiles and tax collectors with mercy and expects us to treat sinners with mercy as well. When we see someone doing wrong, don't ignore the sin, but don't drive the sinner away. Soften their hearts and reconcile with them.
How do you react when you are corrected? Does it depend on the way it's done?
Cuando vemos a alguien cometer un acto pecaminoso o que causa daño, solemos reaccionar de una de estas dos maneras: o bien miramos hacia otro lado por la incomodidad que supone decir algo, o bien confrontamos a la persona con ira, especialmente si somos nosotros quienes hemos sufrido el daño. Jesús describe una alternativa muy detallada: dar pequeños pasos para reconciliar progresivamente al ofensor con la persona agraviada y con la comunidad en general. Como bien se nos ha enseñado: hay que odiar el pecado, pero amar al pecador. Se trata de corregir la conducta con firmeza sin dejar de preocuparse por la persona. Si esto no da resultado, Jesús aconseja a sus discípulos que traten a esa persona «como a un pagano o a un recaudador de impuestos» (Mateo 18:17); algo que puede parecer terrible, pero que Mateo, precisamente él, comprendió que no lo era en absoluto. Él mismo había sido recaudador de impuestos antes de arrepentirse y convertirse en discípulo. Más adelante, Jesús encomendaría a sus discípulos la misión de hacer discípulos en todas las naciones. Jesús trataba a los paganos y a los recaudadores de impuestos con misericordia, y espera que nosotros también tratemos a los pecadores con misericordia. Cuando veamos a alguien obrar mal, no ignoremos el pecado, pero tampoco alejemos al pecador; procuremos ablandar su corazón y reconciliarnos con él.
¿Cómo reaccionas cuando te corrigen? ¿Depende de la forma en que se haga?