St. Francis of Assisi Weekly Reflections

O Little Town of Bethlehem

12-23-2018Weekly ReflectionsWe Celebrate Worship Resource, Vol. 43, No. 3

Too small. Too young. Too immature. God has a habit of choosing people whom others find wanting. Micah tells of an entire town, Bethlehem, that was judged “too small to be among the clans of Judah” (Micah 5:1). Though it was “O little town of Bethlehem,” God chose it for the birthplace of our Lord. After all, it was also the birthplace of David, immature himself, the youngest of Jesse’s sons, overlooked by his own father. But he became king and from his line was born the Savior of the world. No observer in Judah would have guessed that Mary and Elizabeth—one young and a virgin, the other old and thought to be barren—would be chosen to bear the Son of God and his herald. But Mary and Elizabeth accepted their roles immediately and recognized God’s work in each other. “Blessed are you among women,” Elizabeth immediately greets Mary, “and blessed is the fruit of your womb” (Luke 1:42). Blessed indeed, for as Hebrews says, “we have been consecrated through the offering of the body of Jesus Christ once for all” (Hebrews 10:10). Truly, “now his greatness shall reach to the ends of the earth” (Micah 5:3).

As we approach Christmas, can you find God’s grace in someone you’ve overlooked?

Oh Pequeño Pueblo de Belén

Demasiado pequeño. Demasiado joven. Demasiado inmaduro. Dios tiene la costumbre de elegir a las personas que otros encuentran deficientes. Miqueas habla de un pueblo entero, Belén, que fue juzgado “pequeño entre las aldeas de Judá” (Miqueas 5:1). Aunque era “Oh, pequeño pueblo de Belén”, Dios lo eligió para el lugar de nacimiento de nuestro Señor. Después de todo, también fue el lugar de nacimiento de David, el mismo inmaduro, el más joven de los hijos de Jesé, ignorado por su propio padre. Pero se convirtió en rey y de su línea nació el Salvador del mundo. Ningún observador en Judá habría adivinado que María e Isabel, una joven y virgen, la otra anciana y que se creía era estéril, serían elegidas para llevar al Hijo de Dios y su heraldo. Pero María y Elizabeth aceptaron sus roles de inmediato y reconocieron la obra de Dios en cada una. “Bendita tú eres entre las mujeres”, Isabel saluda de inmediato a María, “y bendito es el fruto de tu vientre” (Lucas 1:42). Bendita, porque como dice en Hebreos, “todos quedamos santificados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo de una vez por todas” (Hebreos 10:10). Verdaderamente, “ahora su grandeza llegará hasta los confines de la tierra” (Miqueas 5:3).

A medida que nos acercamos a la Navidad, ¿puedes encontrar la gracia de Dios en alguien que has pasado por alto?

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