St. Francis of Assisi Weekly Reflections

Mercy for ALL: No conditions, No limits, No exceptions

07-10-2016Weekly Reflections

Could anyone object to Jesus' supreme lesson in mercy, the parable of the Good Samaritan? Jesus' devoutly religious audience certainly did! Scant sympathy for anyone foolish enough to travel crime-ridden "Jericho Highway" alone. Much sympathy for priest and Levite, hurrying to assigned temple ministry, unwilling to risk ritual impurity through hands-on mercy. No sympathy for Jesus' scandalous hero. Samaritans were religious apostates and political enemies. Jesus challenges them—and us—to seek God's presence not only in liturgical beauty but in a fellow traveler's self-inflicted misfortunes. See God's presence even in someone outside the law, whose hands-on mercy springs not from religious obligation but from the heart's instinctive goodness. Since Jesus became our "Good Samaritan" despite our foolishness and sins, who are we to ration our mercy? "Who is my neighbor?" (Luke 10:29). The next person we see who needs hands-on mercy! No conditions, no limits, no exceptions. Especially in this Jubilee Year of Mercy, Jesus commands, "Go and do likewise" (10:37).

—Peter Scagnelli, Copyright © J. S. Paluch Co., Inc.

Misericordia para TODOS: Sin condiciones, Sin límites, Sin excepciones

¿Podría haber alguien que contradijera la excelente lección de misericordia en la parábola del Buen Samaritano? ¡La devota y religiosa audiencia de Jesús lo hizo! Muy poca simpatía gozaba alguien lo suficientemente tonto como para viajar solo por "el camino de Jericó" lleno de criminales. Bastante simpatía tenía un sacerdote y un levita, quienes se dirigían a prisa para realizar su trabajo en el templo, y que preferían evitar hacer una obra de misericordia evitando quedar impuros para la realización del culto. Ninguna simpatía para el "héroe escandaloso" del que habla Jesús. Para los judíos los samaritanos eran sus enemigos, tanto religiosa como políticamente. Jesús los desafía —y también a nosotros— a buscar la presencia de Dios no sólo en la belleza de la liturgia sino en el compañero de viaje que cayó en desgracia. Observa la presencia de Dios también en alguien que está fuera de la Ley, quien hace una obra de misericordia que brota más de la bondad instintiva de su corazón que por sus obligaciones religiosas. Ya que Jesús se hizo nuestro "Buen Samaritano" pese a nuestra necedad y pecados, ¿quiénes somos nosotros para medir nuestra misericordia? ¿Quién es mi prójimo? (Lucas 10:29). ¡La próxima persona que veamos que necesita una obra de misericordia! Sin condiciones, sin límites, sin excepciones. Especialmente en este Año Jubilar de la Misericordia, Jesús nos manda "ve y haz tú lo mismo" (10:37).

—Peter Scagnelli, Copyright © J. S. Paluch Co., Inc.

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