In the name of the Father, and of the Son, and of the Holy Spirit

05-27-2018Weekly ReflectionsWe Celebrate Worship Resource, Vol. 43, No. 2

The phenomenon of the Holy Trinity is perhaps the deepest mystery of our faith. One God, but three persons? Limited by human concepts, we can only attempt to understand the mystery. God is truly one, but God is not solitary. God is in relationship, and always has been. The intimate relationship of Father and Son and Spirit is an essential part of the identity of God. The reading from Deuteronomy alludes to another triple relationship: that of God, the Chosen People, and the Promised Land. Moses reminds the people of God’s awesome deeds, done specifically for the people God chose. Paul makes the connection that if we are sisters and brothers in Christ, we are then also children of God. We have received a “Spirit of adoption,” the Holy Spirit bearing witness to our relationship with God (Romans 8:15). Then in Matthew we have the clearest expression of the Trinity, in Jesus’ instructions to baptize “in the name of the Father, and of the Son, and of the Holy Spirit” (Matthew 28:19). Since the Spirit comes upon us in baptism and stays with us, Jesus is able to reassure the apostles (and us), “I am with you always” (Matthew 28:20).

Can you identify the presence of God in the course of your life?

En el nombre de Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo

El fenómeno de la Santísima Trinidad es quizás el misterio más profundo de nuestra fe. Un Dios, ¿pero tres personas? Limitado por conceptos humanos, solo podemos intentar comprender el misterio. Dios es verdaderamente uno, pero Dios no es solitario. Dios está en relación, y siempre lo ha estado. La relación íntima de Padre e Hijo y el Espíritu es una parte esencial de la identidad de Dios. La lectura de Deuteronomio alude a otra relación triple: la de Dios, el Pueblo Elegido y la Tierra Prometida. Moisés le recuerda a al pueblo de Dios de los hechos asombrosos, hechos específicamente para las personas que Dios escogió. Pablo hace la conexión que si somos hermanas y hermanos en Cristo, entonces también somos hijos de Dios. Hemos recibido un “Espíritu de hijos”, el Espíritu Santo da testimonio de nuestra relación con Dios (Romanos 8:15). Luego en Mateo tenemos la expresión más clara de la Trinidad, en las instrucciones de Jesús de bautizar “en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19). Como el Espíritu viene sobre nosotros en el bautismo y se queda con nosotros, Jesús puede alentar a los apóstoles (y a nosotros), “yo estaré con ustedes todos los días” (Mateo 28:20).

¿Puedes identificar la presencia de Dios en el curso de tu vida?

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