St. Francis of Assisi Weekly Reflections

Blessed are You who are Poor

02-17-2019Weekly ReflectionsWe Celebrate Worship Resource, Vol. 44, No. 1

In Christ, the world is transformed and we are called to be transformed along with it. Luke’s version of the Beatitudes, which we hear today, is more direct than Matthew’s. More difficult, as well. It is not the poor in spirit who inherit the kingdom of God, but the actual poor. It is not those who hunger for righteousness who will be satisfied, but the plain old hungry. As if that weren’t enough, Luke, unlike Matthew, also includes the flip side: “Woe to you who are rich...woe to you who are filled now” (Luke 6:24-25). Basically, the Kingdom of God reverses your current place in society. As Christians we are paradoxical people. In baptism, we die with Christ. Because we have died with Christ, we receive the promise of eternal life. As Paul points out, we trust that Christ has been raised so that we may be raised as well. To borrow Jeremiah’s image, we are the tree planted beside the waters of baptism—the waters that bring plenty out of poverty, fullness out of hunger, joy out of mourning, and life out of death.

If your current place in society were reversed, where would you be now?

Dichosos ustedes los Pobres

En Cristo, el mundo se transforma y estamos llamados a ser transformados junto con él. La versión de las Bienaventuranzas de Lucas, que escuchamos hoy, es más directa que la de Mateo. Más difícil, también. No son los pobres en espíritu los que heredan el reino de Dios, sino los pobres actuales. No serán satisfechos aquellos que tienen hambre de justicia, sino los que padecen hambre. Como si eso no fuera suficiente, Lucas, a diferencia de Mateo, también incluye la otra cara: “¡Ay de ustedes los ricos...porque ya tienen ahora su consuelo!” (Lucas 6:24-25). Básicamente, el Reino de Dios invierte tu lugar actual en la sociedad. Como cristianos somos personas paradójicas. En el bautismo morimos con Cristo. Porque hemos muerto con Cristo, recibimos la promesa de la vida eterna. Como Pablo señala, confiamos en que Cristo ha sido resucitado para que nosotros también podamos ser resucitados. Para tomar prestada la imagen de Jeremías, somos el árbol plantado junto a las aguas del bautismo—las aguas que sacan la abundancia de la pobreza, la plenitud del hambre, la alegría del duelo y la vida de la muerte.

Si tu lugar actual en la sociedad se fuera marcha atrás, ¿dónde estarías ahora?

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