St. Francis of Assisi Weekly Reflections

Servant of All

09-23-2018Weekly ReflectionsWe Celebrate Worship Resource, Vol. 43, No. 3

Mark does not paint a pretty picture of the disciples. While Jesus is telling them that soon he would be put to death, they are busy arguing about who is the greatest. Surely they realize how terrible this was, as none of them will admit this to Jesus. Nevertheless, Jesus addresses their behavior, instructing them using the example of a child, one who is dependent on others for care. “Whoever receives one child such as this in the my name, receives me; and whoever receives me, receives not me but the One who sent me” (Mark 9:37). The lesson is clear; put aside your selfish ambition and care for the least of all. This is the kind of thinking that “the wicked” in the first reading utterly reject. Their selfishness inspires them to torture and kill “the just one,” foreshadowing the passion and death of the Lord. James addresses this jealousy and selfishness in his letter. When we are self-centered, we act as though we are the center of the universe, inevitably leading to conflict. When we exercise true wisdom, we acknowledge that we are just a speck in the universe. We make ourselves “the last of all and the servant of all” (Mark 9:35). It is in giving ourselves to the least among us that we receive more than we could ever possess on our own, that we receive God.

What can you do to put others before yourself?

Servidor de Todos

Marcos no pinta una bella imagen de los discípulos. Mientras Jesús les dice que pronto lo matarán, están ocupados discutiendo acerca de quién es el mejor. Seguramente se dan cuenta de lo terrible que fue su actitud, ya que ninguno de ellos le admitiría esto a Jesús. Sin embargo, Jesús aborda su comportamiento, instruyéndolos usando el ejemplo de un niño, uno que depende de otros para su cuidado. “El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe. Y el que me reciba a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado." (Marcos 9:37). La lección es clara; deja de lado tu ambición egoísta y cuida al que sea menos de todos. Este es el tipo de pensamiento que “el malvado” en la primera lectura rechaza por completo. Su egoísmo los inspira a torturar y matar “al justo”, presagiando la pasión y la muerte del Señor. Santiago aborda este celo y egoísmo en su carta. Cuando somos egocéntricos, actuamos como si fuéramos el centro del universo, lo que inevitablemente lleva al conflicto. Cuando ejercemos la verdadera sabiduría, reconocemos que somos solo una mancha en el universo. Nos hacemos “el último de todos y el servidor de todos” (Marcos 9:35). Es entregándonos a los más pequeños entre nosotros que recibimos más de lo que podríamos poseer por nosotros mismos, que recibimos a Dios.

¿Qué puedes hacer para poner a los demás primero?

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