St. Francis of Assisi Weekly Reflections

Are you following in the footsteps of the Apostles?

07-15-2018Weekly ReflectionsWe Celebrate Worship Resource, Vol. 43, No. 2

Like we learned last week, it's not easy to be one of God's missionaries. Look at Amos. In the verse preceding today's first reading, Amos prophesied, "Jeroboam shall die by the sword/and Israel shall surely be exiled from its land" (Amos 7:11). This did not go over well. Jeroboam, after all, was the king of Israel. No wonder Amos was told to leave and never come back. But Amos did not leave, for he was sent by God to "prophesy to my people of Israel" (Amos 7:15). The apostles had it easier, for Jesus told them that if they are rejected they should merely "shake the dust off your feet in testimony against them" (Mark 6:11). But this delivered a strong statement, as it meant that that home was unclean, capable of polluting the rest of the town. Still, the apostles did not have it easy. They traveled without any food, money, or extra clothing. They had to trust God, had to be dependent on strangers. But in doing so, they successfully carried out Jesus' mission. They proclaimed the saving power of God in Christ Jesus, as did perhaps the most influential missionary of all time, St. Paul, whose Letter to the Ephesians begins with the rhapsody of praise we hear today.

How can we be part of God's mission?

Como aprendimos la semana pasada, no es fácil ser uno de los misioneros de Dios. Mira a Amos. En el versículo que precede a la primera lectura de hoy, Amós profetizó: "Jeroboam morirá por la espada/e Israel seguramente será desterrado de su tierra" (Amós 7:11). Esto no fue bien. Jeroboam, después de todo, era el rey de Israel. No es de extrañar que le dijeran a Amos que se fuera y que nunca regresara. Pero Amós no se fue, porque fue enviado por Dios para "profetiza a mi pueblo, Israel" (Amós 7:15). A los apóstoles le fue más fácil, porque Jesús les dijo que si eran rechazados simplemente deberían "sacúdanse el polvo de los pies, como una advertencia para ellos" (Marcos 6:11). Pero esto entregó una fuerte declaración, ya que significaba que ese hogar era sucio, capaz de contaminar el resto de la ciudad. Aún así, los apóstoles no lo tuvieron fácil. Viajaron sin comida, dinero o ropa extra. Debían confiar en Dios, tenían que depender de extraños. Pero al hacerlo, cumplieron con éxito la misión de Jesús. Proclamaron el poder salvador de Dios en Cristo Jesús, tal como lo hizo el misionero más influyente de todos los tiempos, San Pablo, cuya Carta a los Efesios comienza con la rapsodia de elogio que oímos hoy.

¿Cómo podemos ser parte de la misión de Dios?

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