Elevation

01-28-2018Liturgy CornerFr. Paul Turner © 2001 Resource Publications, Inc.

While reciting the words of Jesus from the Last Supper, the presider of the Mass shows the consecrated bread and wine to the assembly. His gesture is called the elevation. With each elevation he actually performs two actions. He shows the body and blood of Christ to everyone else, and then he genuflects in adoration. There is no explicit instruction for what the assembly is to do during the elevation. However, because the presider is instructed to show them the sacred elements, the obvious conclusion is that they should watch. Many worshipers lower their eyes and bow their head in adoration as the presider performs the elevation. This bow, well-meaning in its devotion, probably belongs more with the genuflection that follows the elevation.

The elevation of the consecrated bread at Mass began in 13th- century Paris in an effort to bolster belief in the real presence of Christ in the Eucharist. Heresies expressing the contrary were flourishing. Because Eucharistic devotion at the time focused on the consecrated bread rather than on the cup, the elevation of the cup was only added later.

Although some presiders lift the consecrated bread and wine very high at this point of the Mass, height belongs more to the doxology that concludes the Eucharistic prayer, to signify the offering to God. The elevation had to be high when the elevation first appeared in the Mass because the priest, standing with his back to the people, had to raise the elements high enough to be seen.

The elevation permits the assembly to acknowledge their faith in the real presence of Christ in the Eucharist. Bells and incense may accompany it. Traditionally, many Catholics pray, "My Lord and my God" and "My Jesus, mercy," as the priest lifts the body and blood of Christ.

Elevación

Mientras recita las palabras de Jesús de la Última Cena, el celebrante de la Misa les muestra el pan y el vino consagrados a la asamblea. Su gesto se llama elevación. Con cada elevación, en realidad se realizan dos acciones. Él muestra el cuerpo y la sangre de Cristo a todos los demás, y luego hace una genuflexión en adoración. No hay instrucciones explícitas de lo que la asamblea debe hacer durante la elevación. Sin embargo, debido a que el celebrante debe de mostrar los elementos sagrados, entonces es obvio que deben observar. Muchos fieles bajan los ojos y doblan la cabeza en adoración cuando el celebrante realiza la elevación. Esta acción, aunque bien intencionada en su devoción, probablemente pertenece más a la genuflexión que le sigue a la elevación.

La elevación del pan consagrado en la Misa comenzó en el siglo XIII en París en un esfuerzo por reforzar la creencia en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Las herejías que expresaban lo contrario estaban floreciendo. Debido a que la devoción Eucarística en ese momento se enfocaba en el pan consagrado en lugar de en la copa, la elevación de la copa se agregó más tarde.

Aunque algunos celebrantes levantan el pan consagrado y el vino muy alto en este punto de la Misa, la altura pertenece más a la doxología que concluye la oración Eucarística, para significar la ofrenda a Dios. La elevación tenía que ser alta cuando esta apareció por primera vez en la Misa porque el sacerdote, de pie y de espaldas a la gente, tenía que levantar los elementos lo suficientemente alto para estos se pudieran observar.

La elevación permite a la asamblea a reconocer su fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Las campanas y el incienso pueden acompañarlo. Tradicionalmente, muchos católicos oran, "Señor mío y Dios mío" y "Mi Jesús, misericordia", mientras el sacerdote levanta el cuerpo y la sangre de Cristo.

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